Pinceladas de marzo

 

Con la llegada de marzo, el campo parece desperezarse tras el letargo invernal. Es un mes de transiciones sutiles, donde cada paseo nos regala un pequeño milagro si sabemos mirar con atención. Ya comienzan a asomar los primeros nazarenos de la temporada. Esas diminutas inflorescencias que, pese a su pequeño tamaño, poseen una belleza inmensa. Su color azul violáceo intenso destaca entre el verde todavía tierno, recordándonos que la primavera no siempre llega con grandes aspavientos, sino en detalles minúsculos y perfectos.

Nazarenos (Muscari racemosum) 
Lo más llamativo de esta plata es su inflorescencia en racimo apretado. Las flores parecen pequeñas campanitas o urnas de un azul violáceo tan oscuro que a veces parece negro, las flores de la parte superior del racimo suelen ser estériles y de un azul más claro o eléctrico, mientras que las de abajo son fértiles, más oscuras y tienen un sutil borde blanco en la "boca" de la flor.

Si hay un sonido que define la entrada de la primavera, es sin duda el canto del mirlo común (Turdus merula). Mientras los nazarenos tiñen el suelo de morado, en las copas de los árboles comienza el espectáculo sonoro más elegante de nuestros jardines y bosques.
Mirlo común 






A ras de suelo, a veces entrelazada con los tallos de los nazarenos, aparece la Fumaria densiflora. Es una planta de una delicadeza casi etérea, cuyo nombre popular, "humo de la tierra", le viene como anillo al dedo por el aspecto grisáceo y vaporoso de sus hojas profundamente divididas. Lo que más sorprende de la Fumaria es la densidad de sus racimos de flores. Son pequeñísimas lanzas de un color rosa intenso o purpúreo, rematadas con una mancha oscura en el ápice.


Los petalos de la Eruca vesucaria son de un blanco crema o amarillento, pero están recorridos por unas delicadas venas de color púrpura o violetaque parecen dibujadas a plumilla. Esa combinación de sencillez y detalle la hace destacar en cualquier cuneta o terreno baldío.

El mosquitero común es el minimalismo hecho ave. De tonos oliváceos y ocre, este pajarillo menudo se mimetiza a la perfección con los primeros brotes de las ramas. Es difícil verlo quieto: su vida es un constante salto, un vuelo corto y un revoloteo entre las hojas o sobre la superficie del agua buscando pequeños insectos




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